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Tabla de contenido

1.7 Estrategia de intervención

 

Con el fin de perfilar la estrategia de intervención para los médicos generales, es importante describir en detalle las características de la población atendida por ellos. Dichos profesionales describieron experiencias laborales en diferentes centros de salud y hospitales de la ciudad y del departamento, así como los distintos niveles de complejidad en la atención requerida en cada uno de ellos. En cierta medida, estas condiciones determinan el tipo de población que llega a cada institución, como la gravedad de los casos atendidos. Así, por ejemplo, si se trabaja en un entorno rural o citadino, las condiciones personales, familiares, sociales y laborales de las personas que consultan varían sustancialmente. En consecuencia, los métodos cambian de acuerdo con el contexto sociocultural del paciente con intento de suicidio.


Sin embargo, los relatos de los profesionales entrevistados permiten inferir ciertas características comunes a toda la población atendida, más allá del lugar y las condiciones de las que provengan los pacientes:

 

⦁ Los pacientes que con mayor frecuencia llegan a consultar a urgencias por intento de suicidio son mujeres jóvenes, entre los 15 y los 18 años de edad.


⦁ Los pacientes provienen de estratos socioeconómicos bajos.


⦁ Generalmente viven en ambientes rurales.

 

⦁ Los pacientes y sus familias tienen bajos niveles educativos.


⦁ Por lo general, la evaluación arroja que tienen antecedentes de disfunción familiar, maltrato, pobre acompañamiento y labilidad en el manejo de las normas y la autoridad por parte de los padres o cuidadores.


⦁ Son frecuentes las dificultades de pareja, ruptura o abandono.


⦁ A veces existen antecedentes de maltrato, prostitución o drogadicción.


⦁ El acontecimiento que precede al acto suicida es a menudo una pelea con la madre, ambos padres o la pareja.


⦁ El método más común utilizado por las personas en los entornos rurales son los pesticidas o mata ratas. En la ciudad, en cambio, es más frecuente el recurrir a la intoxicación por medicamentos (en especial acetaminofén y fluoracetato de sodio). 

 

Al contrastar esta información con los datos estadísticos disponibles en el ámbito local, regional e incluso nacional, es posible identificar una relación proporcional que responde a la misma lógica de estos reportes epidemiológicos (Carmona et al., 2010a). Dicho de otra manera, así como lo describen las estadísticas, son las mujeres entre los 15 y 17 años de edad quienes más cometen intento de suicidio, con el tipo de antecedentes y condiciones socioculturales que hemos establecido en el curso de la presente investigación.


No obstante, tal como lo demuestran las estadísticas, los médicos entrevistados también refieren haber atendido en menor cantidad a hombres jóvenes, en un rango de edad semejante al de las de las mujeres, con contextos familiares que coinciden. El factor diferenciador es, más bien, que en esta parte de la población los actos suicidas son cometidos por jóvenes varones bajo efectos de sustancias psicoactivas.


Estos datos exigen una interpretación a la luz del interaccionismo simbólico y de la teoría de roles, pues es necesario establecer si el hecho de ser hombre o mujer implica la tendencia a ubicarse en cierto rol, cierta manera de comprender el mundo, de construir significados y de reaccionar ante las etapas propias del proceso que conduce al intento de suicidio. En consecuencia, la intervención debe integrar estas particularidades, con el fin de orientar adecuadamente el abordaje del intento de suicidio en adolescentes, según se trate de mujeres o de hombres.


De igual manera, hemos podido evidenciar en los médicos generales entrevistados, un marcado enfoque en la intervención y estabilización de asuntos netamente orgánicos con muy poca disponibilidad de tiempo. La comunicación, como es apenas natural, queda limitada a ser una herramienta para acercarse al paciente, si está consciente, o a su familia, para indagar sobre el método utilizado en el intento de suicidio. Esto condiciona los exámenes paraclínicos que debe solicitar, y con base en ello se decide sobre los procedimientos a practicar en el paciente para estabilizar su condición física.

 

Por otra parte, la investigación evidencia que el contacto con la familia del paciente es muy limitado. Los médicos afirman que se limitan a indagar sobre los medios por los cuales el paciente se hizo daño, aunque dicha información no es articulada a una lectura integral y menos aun interaccionista del problema, lo que la convierte “en un dato más”. La mayoría de los médicos refiere que durante las horas de observación, o incluso antes de finalizar este periodo, realizan una evaluación del paciente para establecer las posibilidades de reincidencia al salir de la hospitalización. Esta evaluación se hace con base en los elementos que recuerdan de sus cursos de Psiquiatría en el pregrado de medicina general. Otros, en cambio, se basan en modelos de evaluación y prevención, planteados desde la lógica de factor de riesgo, lo cual deja sin investigar algunos factores y condiciones explicativas importantes en la identificación de alertas –en caso de que el paciente muestre una tendencia a repetir el intento- o hacia el reconocimiento de factores protectores y medios para el desarrollo de unas estrategias de afrontamiento resilientes y funcionales para cada caso. Por tanto, la generalización de los protocolos de evaluación se limita a una lectura del paciente conducente a la estandarización de condiciones, obviando así las particularidades de cada caso, por más que aparentemente se haya utilizado el mismo método o haya sido motivado por razones semejantes.

 

Como se ha visto, algunas condiciones de la atención de estos casos de intento de suicidio en el contexto de los servicios de urgencias, como la poca disponibilidad de tiempo, son difíciles de modificar en razón del sistema de salud y la formación académica de los médicos generales. Sin embargo, existen otras condiciones de la atención de niños y adolescentes con intento de suicidio que sí pueden ser cualificados. La presente investigación permite identificar varios aspectos centrales, cuyo denominador común es la búsqueda de una mejoría en el tratamiento de casos de intento de suicidio en servicios de urgencias.

 

Uno de los aspectos más claros está vinculado con la necesidad de formación en temas relacionados con la comunicación, elemento que impacta directamente la intervención en los casos mencionados, en cuanto permitiría acercarse comprensivamente a la construcción de la idea suicida, a las motivaciones de empuje al acto y a los demás elementos fundamentales para brindar un abordaje integral en cada caso. Así queda registrado en algunos pasajes de las entrevistas realizadas a los médicos generales:

 

MG002U1.b: … La parte de ‘vamos a hablar’: “por qué hiciste eso”, es la parte que a mí me parece más difícil porque nosotros no recibimos entrenamiento para eso; yo diría que prácticamente es nulo el entrenamiento que recibimos. Nos entrenan bien en atender el objeto con el cual se querían… intentaban suicidarse, pero no nos entrenan bien en la parte… de conversar.

 

MG001E3: Yo creo que una guía de esas que nos sirva a nosotros como en ese sentido, pues, aparte de todo, uno ya sabe lo clínico que va a hacer, según lo que haya hecho el paciente; es cómo comunicarse. De pronto qué tipo de preguntas debe hacer uno y qué temas debe de pronto evitar, ¿cierto? Porque sobre todo pensando en uno como médico general ‘vea, usted que es médico general, háblele de esto, esto, pregúntele así, sea directo o no, no sé cuál será la mejor estrategia’, Yo me imagino que tendría que ser muy directo con esos pacientes; o no pregunte esto, esto o aquello. Que puede ser contraproducente, pues o reforzar la idea o alguna otra cosa. De pronto eso es lo que uno no…no maneja bien en eso.

 

De acuerdo con lo tratado, se hace evidente la necesidad de facilitar una sensibilización y formación acerca de las estrategias apropiadas de comunicación con los pacientes (niños o adolescentes) que intentan suicidarse, ya que al parecer no es un tema relevante durante la formación de pregrado en medicina. Por esta razón, cuando se enfrentan a este tipo de casos en su ejercicio profesional, les toca “echar mano” de los recursos personales para hacer frente a la situación de la manera más apropiada o menos comprometedora.

 

A todas luces, el tema de la comunicación es crucial y atraviesa la atención. En efecto, los médicos no siempre saben si es necesario hablar con la familia y cómo hacerlo, más allá de limitarse a preguntar asuntos que permitan la rápida intervención somática (si percibieron algún comportamiento extraño en el joven, o si saben qué consumió el menor, por ejemplo).

 

¿Qué hacer?, ¿qué decir?, ¿qué no decir?, ¿cómo decirlo?, ¿cuándo decirlo?; si el paciente reacciona de cierta manera, ¿qué debo hacer o qué debo evitar?, ¿qué tanto incluyo a la familia?; si el paciente reincide en el acto suicida, ¿cómo lo debo leer? Estas son algunas de las preguntas que comúnmente se hacen los médicos generales de urgencias frente a la atención de los pacientes con intento de suicidio. Más allá de alguna rotación que hayan tenido en el pregrado durante algunas semanas por el servicio de Psiquiatría, los médicos generales no cuentan con más recursos teóricos para orientar y respaldar las intervenciones que realizan a diario con estos pacientes. Además, por cuestiones adicionales de tiempo, o para evitar complicar el caso, prefieren no tratar ningún tipo de asunto diferente al médico-orgánico, que es para el cual están entrenados y en cuyo tratamiento se sienten más seguros.

 

Es imprescindible entonces, reconocer la importancia de la comunicación en la atención de estos pacientes, así como el entrenamiento que los médicos generales deben recibir para ejercerla. Tal como ellos mismos lo expresan, debería ser algo claro, concreto y aplicable, a la manera de una guía o protocolo, pues ya se ha visto también que aún para el resto de decisiones y procedimientos, existen unas guías clínicas en las que se pueden basar sus decisiones. Desde luego, esta herramienta proporciona seguridad y respaldo en medio de la agilidad y la oportunidad con la que deben actuar en los servicios de urgencias.


A propósito de este aspecto, otro mecanismo que los médicos generales pueden utilizar en los procesos de atención consiste en el abordaje de asuntos contextuales y familiares con que llega cada paciente, abordaje que permitiría realizar intervenciones mucho más integrales, oportunas y pertinentes. Para ello, sería útil considerar los siguientes aspectos:

 

⦁ Identificar cuáles de los cuidadores de su entorno familiar o social pueden ser más convenientes para el acompañamiento y la contención antes y después del alta.


⦁ Conocer las relaciones significativas del paciente, con el fin de establecer quién es más apropiado acercarse y cómo hacerlo.


⦁ Acercarse al contexto familiar y social permite comprender un poco mejor las relaciones y vínculos, elemento muy útil a la hora de tomar decisiones y dar sugerencias para el acompañamiento y contención del paciente.


⦁ Indagar si cuenta con apoyo familiar, si tiene o ha pensado en un proyecto de vida.


⦁ En cuanto a la familia y tras el primer acercamiento a ella y al paciente, determinar qué tanto implicarla y hasta qué punto incluirla en el momento del interrogatorio.


⦁ Indagar por las posibles causas y contexto del hecho para orientar la intervención en el caso a caso y no como algo genérico.

 

Finalmente, es esencial la revisión de la postura personal de cada uno de los médicos generales frente al intento de suicidio. En efecto, aunque no siempre sea explícito en sus relatos, es evidente el desacuerdo que sienten frente al acto de intentar suicidarse. Así se advierte, por ejemplo, cuando critican, desde su postura personal, las razones y motivos por los cuales consideran que los adolescentes comenten tales actos, desconociendo posiblemente la influencia que sobre ello tiene la edad o el momento evolutivo que atraviesan estos sujetos.