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Tabla de contenido

Glosario

Con el fin de permitir una lectura comprensiva de los capítulos que vienen, se presenta a continuación una serie de términos básicos utilizados en ellos. Se espera así contribuir a una mejor lectura y comprensión de los textos, facilitando su abordaje a partir de la clarificación de lo que significan cada uno de los conceptos esenciales incluidos en ellos.

 

Conducta suicida: siguiendo a Rocamora esta puede definirse como:

 

Toda conducta humana impregnada de fantasías, deseos e ideas de muerte, que pueden o no cristalizar en un acto autodestructivo. Abarca un amplio espectro que va desde la simple fantasía suicida, hasta la decisión firme de morir, el intento frustrado de muerte o el mismo suicidio (Rocamora, 2012, p. 59).

 

Así, la conducta suicida comprende un conjunto de pensamientos, sentimientos y conductas que van desde la presencia de ideas o fantasías relativas a la causación de la propia muerte, pasando por la ideación francamente estructurada del intento, siguiendo con el intento de suicidio y culminando con el suicidio consumado.

 

Crisis: se define como una situación en la vida de las personas, ya sea circunstancial o propia del desarrollo, que se caracteriza por:

 

1. Desequilibrio: consiste en la aparición de una situación vital o circunstancial que genera cambios en la vida de la persona.


2. Incapacidad sentida de afrontamiento: la persona cree y siente que no tiene la capacidad para afrontar la situación emergente, que esta lo sobrepasa en sus capacidades físicas o mentales.


3. Bloqueo en la toma de decisiones: debido a lo anterior, la persona se siente incapaz de tomar decisiones, ya sea porque se siente bloqueada o porque asume muchas decisiones a la vez, sin una fundamentación y soporte lógico para ellas. Una característica del bloqueo en la toma de decisiones es la visión en túnel, aquella en la cual la persona no ve ninguna salida posible a la condición problemática, sintiéndose imposibilitado para enfrentarla de manera adecuada.

 

Un aspecto muy importante en la crisis es su carácter transitorio, pues esta no dura indefinidamente en el tiempo. De acuerdo con la literatura dedicada al tema (Rocamora, 2012; Slaikeu, 1988; Pérez, 2007, la crisis está circunscrita a un lapso que va de 4 a 8 semanas.

 

Empuje al suicidio: este concepto hace referencia a una propuesta elaborada por Durkheim y en la cual plantea que:

 

De todos estos hechos resulta que la cifra social de los suicidios no se explica más que sociológicamente. Es la constitución moral de la sociedad la que fija a cada instante el contingente de las muertes voluntarias. Existe pues, en cada pueblo, una fuerza colectiva, de una especie determinada, que impulsa a los hombres a matarse. Los actos que el paciente realice y que, a primera vista, parecen expresar tan solo su temperamento personal son, en realidad, la consecuencia y prolongación de un estado social, que ellos manifiestan exteriormente (Durkheim, 1982, p. 54).

 

El empuje al suicidio responde así a un concepto de carácter interaccionista en el que, gracias a la confluencia de diversas fuentes sociales e individuales, se configuran las condiciones que propician el pasaje al acto, el intento de suicidio. No se lo debe entender ni como un asunto determinista ni tampoco meramente individual.

 

Intento de suicidio: de acuerdo con la OMS, este se define como “cualquier conducta suicida con resultados no fatales, y se refiere a cualquier envenenamiento, herida o daño autoinflingido de carácter intencional, el cual puede o no haber tenido una intención fatal” (World Health Organization, 2014, p. 12)4 .

 

Interaccionismo simbólico: es un término acuñado por Herbert Blumer, en el que se propone una perspectiva teórica y metodológica que pretende comprender la asignación de significados que los seres humanos dan a su vida y a la vida de los demás para, a partir de ellos, comprender las acciones por ellos asumidas. De acuerdo con Blumer, esta perspectiva se fundamenta en tres premisas básicas:

 

1. Los seres humanos actúan en relación con los objetos del mundo físico y de otros seres de su ambiente sobre la base de los significados que estos tienen para ellos.


2. Estos significados se derivan o brotan de la interacción social (comunicación, entendida en sentido amplio) que se da en medio de los individuos. La comunicación es simbólica, ya que nos comunicamos por medio del lenguaje y otros símbolos; es más, al comunicarnos creamos o producimos símbolos significativos.


3. Estos significados se establecen y modifican por medio de un proceso interpretativo: “el actor selecciona, modera, suspende, reagrupa y transforma los significados a la luz de la situación en que se encuentra y la dirección de su acción; los significados son usados y revisados como instrumentos para la guía y formación de la acción” (1982, p. 2).

 

De esta manera, los significados construidos por las personas, en el marco de sus interacciones sociales, son el objeto del interaccionismo simbólico y, de paso, los focos de la estrategia propuesta de intervención en crisis del intento de suicidio.

 

Intervención en crisis: es aquella intervención realizada por un profesional de la salud posterior a un evento desencadenante de la crisis, ya sea este circunstancial o del desarrollo, y que se caracteriza por:

 

- Contención emocional de la persona que vive la crisis y en ocasiones de sus familiares o acompañantes: esto implica lograr que ellos sientan que hay alguien que los escucha, que está ahí para ellos y con quien pueden contar. De alguna manera, es necesario que se haga evidente y sentido el que, frente a esta situación de crisis, hay alguien que les dice “yo me encargo”.

 

- Favorecimiento de la expresión emocional: una vez se establece este vínculo de confianza, puede promoverse, de una manera controlada y guiada, la descarga emocional de la persona en crisis: escuchar qué es lo que le angustia y preocupa, qué es lo que teme y cuáles son las fantasías o imaginarios relacionados con la situación. Es importante incluir en ella una mirada de aquellos asuntos que, para la persona en crisis, se convierten en las situaciones o logros ideales que lo conducirían a la resolución positiva de su estado actual.

 

- Definición de acciones específicas: una vez hecho esto, se procede a planear acciones que inicien el proceso de recuperación del desequilibrio propio de la crisis. Es probable que inicialmente se requiera de una actitud directiva por parte de la persona que trata la crisis. Se sugiere comenzar con acciones pequeñas, manejables y que puedan realizarse efectivamente, para luego ir avanzando en el grado de complejidad de las mismas y la delegación de la autonomía de la persona al asumirlas.

 

- Establecimiento de redes de apoyo: es muy importante la creación de redes de apoyo, ya sea personas u organizaciones, que puedan acompañar el proceso de restablecimiento del equilibrio. Estas servirán de soporte durante su recuperación y le permitirán a la persona en crisis reestablecer la confianza en sí misma y su proyección a futuro de manera progresiva.

 

Otro generalizado: de acuerdo con George Mead, este se define como:

 

La universalización del proceso de adopción de papeles: el otro generalizado es cualquiera y todos los otros que hacen la función de particulares, o que pudrían hacerla, en comparación con la actitud de adopción de papeles del proceso cooperativo que se desarrolla (1999, p. 28).

 

Lo anterior quiere decir que el “otro generalizado” equivale al mundo simbólico en el que se inscribe la persona y que podría ser entendido, por ejemplo, como su mundo social más amplio y las reglas que en él se incluyen, o la noción de trascendencia religiosa enmarcada en el concepto “Dios”, o las nociones de libertad y ser humano.

 

Otro organizado: hace referencia a las instituciones u organizaciones que componen el todo social de la persona, como la iglesia, la familia, el ejército o la escuela. Es, en palabras de Mead, “una comunidad en un ámbito más estrecho” (1999, p. 216). Cabe señalar que el “otro organizado” está enmarcado dentro de las reglas del “otro generalizado”, pero contiene sus propias reglas de relación e interacción, de acuerdo con lo que se estile en la comunidad específica de referencia.

 

Otros significativos: son aquellos referentes básicos y esenciales con los que cuentan las personas para iniciar y mantener sus procesos de socialización. Si bien este rol es cumplido inicialmente por los padres –la representación simbólica de ellos- posteriormente pueden encarnar en otras personas, objetos o actividades, manteniendo su característica primordial, a saber, desempeñar un papel crucial en sus procesos de socialización. En tal sentido, por ejemplo, tocar un instrumento o desempeñar una actividad específica puede convertirse en “otros significativos” para una persona, pues en un momento específico de su vida llegan a ser asuntos esenciales dentro de su proceso y proyecto vital.

 

Tipo de empuje al suicidio anómico: es un concepto planteado por Durkheim:

Tiene como causa el hecho de que su actividad [la de las personas] está desorganizada y de que por esta razón sufren. En razón de su origen, daremos a esta última especie el nombre de suicidio anómico […]. En el suicidio anómico, [la sociedad] falta en las pasiones propiamente individuales dejándolas de ese modo sin freno que las regule (Durkheim, 1982, p. 368).


De esta manera, el tipo de empuje al suicidio de tipo anómico se sustenta en un problema esencial -la pertenencia a un grupo- e implica una falla en las estructuras sociales que deberían dar soporte a las personas en sus procesos vitales y de desarrollo. Para el caso de la presente investigación, se han encontrado dos subtipos de empuje anómico, el desesperanzado y el ambivalente.

 

Subtipo de empuje al suicidio anómico desesperanzado: es aquel en el cual las estructuras sociales generan en el niño o adolescente una enorme sensación de soledad y abandono acompañadas de la certeza de que, haga lo que haga, nunca va a estar inserto y protegido por ellas. Así, la desesperanza es la huella interpretativa básica presente en este subtipo: se siente solo, abandonado y desprotegido, y sin la menor esperanza de que tal situación pueda cambiar.

 

Subtipo de empuje al suicidio ambivalente: es aquel en el cual las estructuras sociales generan en el niño o adolescente una enorme sensación de ambivalencia con respecto a las posibilidades de acompañamiento y apoyo por parte de los “otros significativos”, “organizados” o aún “generalizados”, pues de estos emergen vivencias -para ellos- de tipo contradictorio en las que el “a veces sí, a veces no” es la constante.

 

Tipo de empuje al suicidio exaltado: en este, el niño o adolescente interpreta que la única manera que tiene para ser reconocido y validado por los otros (“organizados”, “significativos”) es la de asumir un rol en el cual debe atacar, agredir o comportarse de manera activa e impulsiva. Así, siente que es reconocido en tanto genere disrupciones, malestares o “problemas”, y por tanto asume este tipo de comportamientos como propios. Este rol que empuja al suicido se divide en dos subtipos: el exaltado “fosforito” y otro asociado al consumo de sustancias, el exaltado “fosforito en gasolina”.

 

Subtipo de empuje al suicidio exaltado “fosforito”: se caracteriza por una relación con el mundo, con los otros y consigo mismo altamente disruptiva. Es frecuente encontrar en los niños y adolescentes ubicados en este subtipo conductas agresivas, violencia verbal o física y, por supuesto, autoagresiones que conducen a intentos de suicidio e incluso suicidios consumados. Generalmente se relacionan de manera contestataria y a pesar de las “buenas intenciones” que puedan tener las personas que se acerquen a ellos como tratantes (en el caso de la atención de un intento de suicidio), es muy probable que se muestren reacios a todo intento de ayuda.

 

Subtipo de empuje al suicidio exaltado “fosforito en gasolina”: este subtipo conserva todas las características descritas para el subtipo “fosforito”, pero agrega un aspecto crucial que lo diferencia del mismo: la existencia de consumo de sustancias psicoactivas. Esta conducta implica necesariamente la evaluación del estado mental del niño o adolescente desde una perspectiva diferente, en la que tanto el consumo activo como la abstinencia de sustancias y sus implicaciones, deben ser considerados al momento de planear la intervención.

 

Suicidio: de acuerdo con la World Health Organization (2014) “Es el acto de quitarse la vida de manera deliberada” (2014, p. 12)5 . Por su parte, Durkheim define el suicidio como “todo caso de muerte que resulte, directa o indirectamente, de un acto, positivo o negativo, realizado por la propia víctima a sabiendas de que debería producir este resultado” (1982, p. 103).