Logo Editorial CES blancoUniversidadCES

Logo Editorial CES blancoUniversidadCES

Tabla de contenido

Introducción

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el suicidio se ha convertido en las últimas décadas en un problema de salud pública:

 

Más de 800.000 personas mueren cada año por suicidio, y esta es la segunda causa principal de muerte entre personas de 15 a 29 años de edad. Hay indicios de que, por cada adulto que se suicidó, posiblemente más de otros 20 intentaron suicidarse. El suicidio representa el 1,4 % de las muertes a nivel mundial, y se clasifica entre las 20 principales causas de mortalidad (2014, p. 73).

 

En América Latina, la situación es bastante preocupante: de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (2014), en la región de las Américas ocurren alrededor de 65.000 defunciones por suicidio anualmente. La cifra real puede ser mayor, pues en esta región se presenta un subregistro significativo de casos. Este fenómeno se puede explicar por diversos factores, entre los cuales pueden citarse como preponderantes aquellos de tipo religioso, toda vez que el suicidio aún se asocia con la noción de pecado y, de suyo, con la de castigo y vergüenza pública, motivo por el cual las familias prefieren con frecuencia dar cualquier otra razón que explique la muerte de alguno de sus miembros.


Si se piensa en el suicidio en niños y adolescentes (10 a 19 años), las estadísticas revelan datos aún más desalentadores: anualmente, cerca de 90.000 adolescentes comenten suicidio en el mundo, situándose así entre las tres primeras causas de muerte entre los adolescentes. A esto debe agregarse el hecho de que las tasas de incidencia se incrementan más rápidamente en ellos que en cualquier otro grupo etario (Greydanus, Bacopoulou, & Tsalamanios, 2009). De acuerdo con un estudio publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2014 a), el suicidio presenta tasas mundiales de 8,0 a 9,5 por cada 100.000 habitantes, en personas de 15 a 19 años; y de 0,6 por cada100.000 habitantes entre 5 y 14 años.


En Colombia, la situación no es muy diferente. Según la distribución por grupos de edad, las tasas más altas de suicidio por cada 100.000 habitantes se presentaron en los grupos etarios correspondientes a 18-19 años (6,74), 20-24 años (6,54), 25-29 años (5,63), 30-34 años (5,55) y en la población adulto mayor, en el grupo correspondiente a los 70-74 años (5,43).


En el año 2014 se reportaron 1.878 casos de suicidio, 68 más que en el año 2013. El 82% de suicidios lo cometen los hombres y el 18% las mujeres. El mayor número de suicidios se concentró en el grupo de jóvenes de los 20-24 años, con 277 casos, lo que equivale a una tasa de 6,5 x 100.000 habitantes, seguido por el grupo de 25 a 29, con 237 casos. Se reportaron 57 casos de suicidio en el rango de 10 -14 años (3.04% del total), 124 casos en el grupo de 15-17 (6,6% del total) y 112 casos en el grupo 18-19 (5,96%) (Ramírez, 2015). Desde luego, estas cifras son alarmantes porque demuestran que el 15,6 % de los suicidios en Colombia los cometen jóvenes menores de 18 años.


Lo anterior se hace especialmente relevante si se toma en consideración que un niño o adolescente con un intento de suicidio tiene 15 veces más probabilidades de cometer un segundo intento que uno que nunca lo haya intentado, mientras que aquel que cuenta con dos intentos tiene un 30% más de probabilidades de intentarlo nuevamente en el siguiente año (Greydanus et al., 2009). Por su parte, de Zubiría (2007) afirma que el intento de suicidio es el mejor predictor, pues una persona que ha tenido un primer intento de suicidio tiene un 50% de probabilidades de intentarlo de nuevo, otra que lo haya intentado en dos ocasiones el 70% y una que lo haya intentado tres veces o más llega hasta a un 90% de probabilidad de reincidir en el intento. En este sentido, otros autores afirman que:

 

Un antecedente de intento de suicidio, es una de las variables que tiene más relevancia clínica para predecir un eventual suicidio, aun cuando es mayor el riesgo durante el primer año después del intento. Se considera que el 56% de los suicidas en Finlandia mueren al realizar su primer intento de suicidio. En otros estudios se ha encontrado que entre 30% y 60% de los suicidios son precedidos por un intento previo (Gómez-Restrepo et al., 2002, p. 273).

 

A pesar de la alta incidencia y prevalencia del intento de suicidio en niños y adolescentes en los últimos años, es difícil encontrar estrategias de intervención que apunten de manera específica a la problemática tratada.


Como información básica, pueden encontrarse los manuales de la Organización Mundial de la Salud publicados en, 2000, 2001 y 2003, así como algunos otros manuales, como por ejemplo el de la Caja Costarricense del Seguro Social, publicado en 2005, o el de De Zubiría, de 2007. También existen otros textos guía como el NAMI, de 2002, y el de Campos, publicado en 2004. Todos estos documentos brindan un panorama descriptivo de los factores de riesgo y protectores relacionados con el hecho, aunque no profundizan en elementos prácticos que puedan servir como estrategias de intervención en el caso a caso.


Por otra parte, la gran mayoría de textos relacionados se ubican dentro de perspectivas teóricas propias de la lógica postpositivista, o si se quiere médica, habiéndose encontrado solo dos referencias relativas a estrategias de intervención en intento de suicidio en niños y adolescentes, fundamentadas en el enfoque interaccionista (Carmona, Tobón, Jaramillo, & Areiza, 2010a). Esto ha llevado a la Organización Mundial de la Salud a invitar a los diversos académicos e investigadores en el tema del suicidio en el mundo, a enfocar sus esfuerzos en perspectivas complementarias, específicamente aquellas relacionadas con las ciencias sociales.


Mientras la relación entre el suicidio y los desórdenes mentales está bien establecida, las grandes generalizaciones ligadas a la perspectiva de factor de riesgo son contraproducentes. Evidencias crecientes demuestran que, la inclusión de los contextos es un imperativo si se desea comprender el riesgo de suicidio (World Health Organization, 2014, p.11)1 .


Así, excepción hecha de las dos referencias antes mencionadas, no se encuentran estrategias de intervención en crisis que aborden el intento de suicidio en niños y adolescentes, fundamentadas en el interaccionismo simbólico y orientadas hacia la disminución de la reincidencia, en el intento a través de la lectura en el caso a caso del rol que empuja al suicidio2 , propendiendo por intervenciones contextualizadas y adecuadas a cada situación por parte del personal de salud tratante, todo lo cual permite comprender la importancia de la propuesta que se presenta a continuación.


Precisamente, esta es fruto de la formulación y desarrollo de un proyecto de investigación entre los años 2013-2014, adscrito al programa de “Jóvenes investigadores e innovadores” de COLCIENCIAS, realizado entre esta entidad y la Facultad de Psicología de la Universidad CES y denominado “Diseño de una estrategia de intervención en intento de suicidio en niños y adolescentes, desde la perspectiva de la teoría de la crisis fundamentada en el enfoque del interaccionismo simbólico”.


A través de sus productos, las personas encargadas de la atención en crisis de los niños y adolescentes con intento suicida, podrán contar con un insumo que les permitirá, a partir de la lectura del rol que empuja al suicidio en cada uno de los casos, orientar sus acciones de manera práctica y ordenada, incluyendo en ellas la vinculación activa de los “otros significativos” de aquel que realiza el intento. Este tipo de intervención genera modificaciones profundas y duraderas, pues se dirige específicamente a los aspectos relacionales de base que configuran el empuje al suicidio (Jaramillo, Escobar, Camacho, & González, 2015).


Sabiendo que la problemática del intento de suicidio presenta altas tasas de incidencia y prevalencia, y que su impacto afecta significativamente a todas las personas cercanas al niño o adolescente que lo intenta (familiares, compañeros de escuela, amigos, etc.), el diseño de una estrategia de intervención en crisis, desde un enfoque diferente a los tradicionalmente utilizados, permitirá implementar nuevas estrategias de intervención en crisis que ofrecerán una nueva mirada al fenómeno, además de alternativas diferentes para su manejo adecuado y efectivo. En la medida en que estas esferas incluyen el contexto vincular del niño o adolescente y su representación simbólica, ellas se convierten en transformadoras de las condiciones de base que finalmente modifican la asunción del rol que empuja al suicidio, asumido por el niño o adolescente, fomentando la emergencia de un rol diferente, propositivo y adaptativo, disminuyendo así las posibilidades de reincidencia.

 

Intento de suicidio en niños y adolescentes: estrategia de intervención en crisis fundamentada en el enfoque interaccionista